Bismillahir Rahmanir Rahim
Algunos de ustedes han caminado conmigo por más de veinticinco años conmigo, y otros que por lo menos diecisiete años que están transitando. Y somos amigos, compañeros, y somos hermanos.
Hay cosas que tocan mi corazón profundamente, por eso hablo del dergah como un cuerpo. Una mezquita es un cuerpo, porque los que constituyen ese cuerpo son cada una de las personas que atienden los rezos, que participan de las devociones, que son miembros de esa comunidad, y cuando está mal es como cuando nos duele una muela. Cuando nos duele una muela no queremos saber nada con nadie, queremos solamente que el dolor se acabe.
Allah (swt) en el Surah Al-An’am dice: “Sólo aquellos que aceptan y están de acuerdo contigo, ¡Oh, Mi amado mensajero! son capaces de oirte”.
En cada ocasión que hablamos no me siento mejor ni más sabio, o con más conocimientos que ustedes. Cada ser humano es una entidad completa y absoluta, y ha sido diseñada, creada y traída a este mundo por el Creador, por Allahu Ta’ala. Entonces cuando criticamos a esas personas no lo hacemos sólo con el individuo, hombre o mujer, sino al Creador también, porque decimos: “Esa persona tiene un defecto”, y no entendemos que si vemos un defecto en otra persona es porque lo tenemos nosotros mismos. Nosotros no podemos ver ni apreciar aquello que no conocemos. Si eso no existiera en nosotros no podríamos ver ningún defecto, o una virtud. Cuando alguien en mi dergah sufre todos deberían estar sufriendo.
Cuando trato de pensar de qué debo hablar, qué debo aconsejar a la gente que me escucha pacientemente, lo primero que hago es mirarme a mí mismo y no me gusta lo que veo. En cambio, las palabras del Corán i-Kerim y la Sunnah de Hz. Muhammad (saws) son mi guía, lo mismo que para ustedes.
Hablé de tantos años que algunas personas son mis compañeros de camino, porque justamente entre esas personas que son las más antiguas hay algunas que están sufriendo, que están con dolor, y no me gusta que eso ocurra.
Allah (swt) en el Corán i-Kerim, reitero, en el Surah citado, dice: “Sólo aquellos que aceptan y están de acuerdo contigo, ¡Oh, Mi amado mensajero! son capaces de oírte”.
La semana pasada contamos una historia sobre Bahlul Hudana, el medio hermano del Sultán Harún Al-Rashid. Nuevamente quiero hablar de eso.
En Islam, en Tasawwuf, hay seres humanos increíblemente sensibles, y no sólo en Tasawwuf, en la humanidad hay gente así. Estas personas muchas veces, en un camino espiritual, se vuelcan del todo al mismo y el conocimiento que adquieren es demasiado para su intelecto, los llaman majnun. Algunos lo hacían a propósito, simplemente para tener la libertad de enseñar sin ofender.
Y un día Bahlul Hudana andaba caminando por el palacio, mirando para todos lados fijándose si había guardias. No vio a nadie, miró para un lado, para el otro, abrió entonces las puertas y se metió a la sala del trono: un lugar sagrado al que nadie se atrevía a entrar en aquella época. Y como no había nadie va a sentarse en el trono del Sultán. Los guardias que oyeron algún ruido que hizo, regresaron, abrieron las puertas, lo vieron sentado en el trono y empezaron a sacarlo violentamente. Bahlul Hudana gritaba con todo su ser. El Sultán que andaba por allí cerca, entra a la sala y viendo lo que sucedía les ordena a los soldados: “¡Deténganse, deténganse! ¡No le peguen más!” Pero Bahlul Hudana seguía gritando, llorando. Entonces el Sultán le dice: “¿Por qué lloras si no te pegan más?” Bahlul Hudana le responde: “No estoy llorando por mí, estoy llorando por ti.” El Sultán le pregunta: “¿Pero por qué estás llorando por mí?” Bahlul Hudana le dice: “Porque con sólo treinta segundos en el trono mira la paliza que Allah (swt) me envió, ¿qué te pasará a ti que has pasado toda tu vida sentado en ese trono cuando tengas que rendir cuentas?” Y todos vamos a tener que rendir cuentas.
Un día Bahlul Hudana se aparece con tres calaveras y un pedazo de hierro finito, largo, y un martillo. Va donde estaban los cortesanos, despliega una manta en el piso, y les pone precio a las calaveras. Una calavera valía un centavo, la del medio valía cinco centavos, y por la que estaba a su derecha él decía que nadie le podría pagar lo suficiente por ella. Y le preguntan por qué. Entonces él responde: “Bueno, mira.” Toma la primera calavera que valía un centavo, toma el hierro y el martillo, le pega a un costado y el hierro salió por el otro lado. Y dice: “Por eso esta calavera vale un centavo.” Toma la calavera del medio que valía cinco centavos, le pega fuerte con el martillo, pero no logró que el hierro ingresara por ningún lado. Tomó la otra calavera, la que tenía un precio irreemplazable, le pegó un solo martillazo, sin embargo, el hierro entró por un lado, pero no salió por el otro. Así es con nosotros.
En la época que Hz. Muhammad (saws) vivía, hace más de mil cuatrocientos años atrás, él fue lo mejor, lo más supremo que Allah (swt) creó. Sin embargo, había gente como Abu Yahl que era pariente, estaba relacionado con el Profeta (saws), y estando en presencia de lo mejor de la humanidad se convirtió en uno de sus peores enemigos. Lo que el Profeta (saws) le decía le entraba por un lado y le salía por el otro. Y otros ni siquiera oían lo que Hz. Muhammad (saws) podía decir.
Cuando alguien recita un ayat del Corán i-Kerim y comprende lo que está diciendo, ya sea porque conoce el idioma árabe o la lengua que uno entiende, y cuando uno comprende los hadices, los ejemplos de Hz. Muhammad (saws) es algo maravilloso. Pero también hay que preguntarse dónde está la persona que transmitió eso, y Hz. Muhammad (saws) ya no está más. ¿Qué pasó si alguien cambió los ejemplos o recibió información equivocada y a través de los siglos ese mensaje fue cambiado? Ante todo, con el Corán i-Kerim no es posible en absoluto porque Allah (swt) así lo ha prometido que, así como descendió, sin agregarle un punto, va a continuar hasta el Final de los Tiempos. Y ese es el trabajo del Hafiz, que es aquel que memorizó el Corán i-Kerim y lo repite en países musulmanes, y aquí también en mezquitas que son lo suficientemente grandes está el que recita, en algunos lugares hay muchos que también lo saben de memoria, de modo tal que si el que recita se equivoca los demás lo corrigen.
Nosotros debemos creer en ese libro que fue transmitido por alguien que es invisible, no lo podemos ver, y es Allahu Ta’ala. Y aquel que era la representación viva del Corán i-Kerim, Hz. Muhammad (saws) hace más de mil cuatrocientos años, no está más, partió al Más Allá.
Entonces creer en este camino, leer el Corán i-Kerim, vivir de acuerdo a esas normas, es una cuestión enteramente de fe, lo mismo que es una cuestión de fe, a las monoteístas me refiero, seguir lo que el profeta de esa religión envió. Lamentablemente algunos de esos mensajes han sido cambiados, pero hay una esencia en cada una de las religiones monoteístas y eso es lo que debemos obedecer. Y para los musulmanes, y especialmente para los derviches, no debe haber chismoseo, porque al hablar mal de otra persona, simbólicamente hablando, está comiendo la carne de esa persona. Y esa carne es veneno, no solamente para el cuerpo, sino que es veneno para el alma. La otra gran cuestión es tener relaciones sexuales con aquellas que no son nuestras esposas, o las mujeres con aquel que no es el esposo. Ahora bien, ¿quién me dice que no debo hacerlo? Hay mucha gente que pregunta eso. Cuando no queremos oír ni entender lo que nos están diciendo, es una señal de kufr, de no creencia.
La calavera que queremos ser es la tercera, en la que las cosas entran y quedan para siempre en nuestro ser y nos ayudan a vivir de la manera que está escrito.
Allah (swt) no creó absolutamente nada mal o incorrecto. Todo lo que Él ha creado es perfecto, no tiene ningún defecto. Somos nosotros quienes convertimos algo hermoso en algo feo.
Islam no es venir al dergah una vez por semana, o ir a la mezquita una vez por semana y hacer esto o lo otro. Islam es vivir esta religión todos los días, todas las horas del día aun cuando dormimos. Porque cuando dormimos debemos dedicar el sueño a Él, al Creador, y Le pedimos que nos proteja no sólo del shaytanir rayim, sino de nosotros mismos.
Allah (swt) Nos ha dado los cinco sentidos: podemos ver, podemos oír, podemos degustar, podemos ver, podemos oler. No obstante, Nos dio algo que no le dio a ningún otro animal, y nosotros somos básicamente animales. Tenemos ‘aql, tenemos intelecto. Hz. Rumi (ks) en el “Masnavi” dice que los sentidos son esclavos del intelecto, ¿por qué? Porque es a través del intelecto lo que los sentidos nos permiten sentir.
Hagan el salat, por favor, practiquen la dulzura, este es un camino de amor. El que no siente amor, el que no puede sentir amor, no tiene nada que hacer en este camino. No estoy diciendo que tienen que desobedecer al Creador. El musulmán debe cumplir con todas las obligaciones básicas, sienta o no amor. Pero el camino del derviche, además de esas obligaciones básicas, es el camino del amor, ¿por qué? porque transitamos este camino por ese motivo. Porque el amor nos impulsa.
Cuando la vida de este Tierra nos domina el ‘aql, lo único que les va a ordenar, a enseñar a los sentidos, son las atracciones del mundo. Es decir, les va a permitir a los sentidos no funcionar porque esa es una dimensión de no realidad. Si vamos a ver el mundo con esos ojos siempre pensaremos que la vida no se va a acabar, que las canas las puedo teñir y no las van a ver. Otros van a los médicos y se hacen estirar las caras y se sacan todas las arruguitas, y ni siquiera se pueden reír porque se estiran y se les afloja otra parte del cuerpo.
Allah (swt) dice: “Siervo Mío acércate a Mí con rezos nafile, rezos no obligatorios, porque cuando Mi siervo viene hacia Mí, Yo corro hacia él. Cuando Lo amo, él Me ama y Yo lo amo más.” Allah (swt) dice que Se convierte en las manos con las que tomamos cosas, en los ojos con los cuales vemos, en los oídos con los cuales oímos. Todo nuestro ser está inmerso en el océano del amor del Creador.
Una breve historia.
Un día, un Sheikh y su discípulo se encontraban caminando por un campo cuando de pronto ven a un campesino que estaba cavando, haciendo agujeros en la tierra. Se paran y empiezan a contar que había más de doscientos agujeros de unos quince o veinte centímetros de profundidad por todos lados. Y el derviche le pregunta al maestro: “¿Maestro, usted sabe lo que está haciendo él?” El Sheikh dice: “No, vamos a preguntarle.” Se acercan y le preguntan: “¿Por qué estás cavando tantos agujeros?” El hombre responde: “Porque estoy buscando agua.” El Sheikh lo mira y le dice: “Dudo mucho que encuentres agua cavando agujeros de medio metro. En lugar de hacer doscientos agujeros de medio metro sería mucho más interesante que hicieras un agujero de doscientos metros y así seguro encontrarás agua.” Claro, si pensamos que hacer un agujero de ese tamaño y de esa profundidad es fácil, recuerden que encontraremos rocas, raíces viejas, arcilla que se desmorona, muchas cosas que tenemos que reparar, contener, arreglar, antes de llegar al agua. Y luego de llegar a esa agua, ésta tendrá un sabor especialísimo, Insha’Allah.
As Salam ‘alaykum wa rahmatullah wa barakatuh
Sohbet de Hajji Orhan Baba. “Reconciliación”. Jueves 22-01-2015
