Sohbet Sheikh Orhan Efendi – Sinceridad Primera Parte -Jueves 8-05-2014.

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Bismillahir Rahmanir Rahim.

Tuvimos un viaje muy interesante (a nuestra Asitane en Istanbul) en muchos aspectos, pero como ustedes saben, cada vez que hacemos un viaje por motivos relacionados con el camino espiritual, cada uno de los mismos tiene un aspecto preponderante.

En este caso, y según mi experiencia, el viaje estuvo relacionado con la sinceridad, con ikhlas.

Por todo lo sucedido, cada uno de nosotros empezó este viaje que es como un pequeño Hajj, y no estoy comparando con ´Umrah ni con Hajj, pero es como un pequeño Hajj.

Cada uno de nosotros llevaba un equipaje, y el mismo representaba algo que deseábamos dejar y sentir el alivio de abandonar. Cosas muy interesantes sucedieron. Y la más importante para todos ustedes, fue el hecho de que al cabo de nueve años de preguntarnos ¿dónde estábamos?

Nos dice Allah (swt) en el Corán i-Karim, sin total exactitud algo así: “¡Pues, ciertamente, somos Nosotros, quienes hemos hecho descender sobre ti esta revelación, que presenta la verdad: así pues, adora a Allah, sincero en tu fe, sólo con Él!” (Surah Az-Zumar 39, ayah 2). Entonces sirvan a Allah (swt) y sean sinceros con Él en obediencia.

El Profeta Muhammad (saws) nos dice: “Sin ninguna duda hay una realidad en cada verdad”. Un siervo no puede alcanzar esa realidad de ikhlas si él no rechaza a la gente que lo adula por sus acciones, y si hace lo que hace es solamente por Allah (swt). Dentro de eso hay muchos niveles también.

Está aquel que hace cosas por Allah (swt) porque quiere simplemente una recompensa. Y la recompensa es evitar el infierno, lograr el Paraíso y tener en el Más Allá un estado que quizá, en este mundo, no era parte de nuestra vida diaria, con respecto a placeres y bienestar y comodidad y demás. Y luego está aquel que hace lo que hace sólo para el placer del Creador.

El Imam Ja´far As-Sadiq (ra) cuando estaba explicando el segundo ayah del surah 67 nos dice que en esa surah Allah (swt) cuando habla de los hechos no lo hace con respecto al número de hechos, de buenas acciones, sino que habla de aquel que es más exaltado en su corrección, más exaltado en su sinceridad. Y ese estado no es nada más que un reflejo del temor a ofender al Creador, del temor a perder Su amor y de intención. Recordarán ustedes que hemos estado hablando durante el viaje con respecto a intención: es la base de absolutamente todo lo que hacemos. Y el Imam Ja´far As-Sadiq (ra) también nos intima a que tengamos perseverancia en la búsqueda de esa sinceridad. Porque la búsqueda de la sinceridad en nuestras acciones es mucho más difícil que concretar la acción en sí. Es decir, que llegar al estado de ikhlas, que es una acción en sí misma, demanda perseverancia, paciencia, lágrimas, y por sobre todas las cosas demanda amor, por Aquel a quien servimos.

Mientras estábamos en Istanbul, sólo por casualidad, rentamos los hoteles a una cuadra, en el caso de nuestro hermano Sefer Baba y en mi caso a dos cuadras, de una mezquita muy interesante, que el hermano Suleyman Baba encontró que nuestro sheikh Muzzafer Efendi (ra) la nombra, entre los lugares en Istanbul, donde los rezos son aceptados. Una mezquita muy particular. Está a cinco cuadras de la Mezquita Azul: un centro internacional, un monumento a la arquitectura islámica y a la manera en cómo se edificaban estas mezquitas.

Estoy seguro que ustedes saben, que lo han leído, que las mezquitas no eran simplemente un lugar al que la gente iba a rezar, es decir, la mezquita en sí es hoy en día así. Pero las mezquitas estaban rodeadas de un hospital, de una escuela, de un centro de ayuda a la gente, de cocinas para alimentar al que no tenía, y de un lugar de comercio para que las ganancias que arrojaban las ventas de esos negocios ayudaran a mantener a las mezquitas, a las escuelas y todo lo que las rodeaba. Es decir, la mezquita era una institución que abarcaba todos los aspectos de la vida cotidiana de los ciudadanos de esa época. Y no sólo de esa época. Nosotros íbamos todas las mañanas a hacer el salat Al-Fayr a la mezquita más pequeña, la que estoy mencionando, y allí estaban ya las escuelas funcionando, y  los chicos que estaban aprendiendo, algunos de ellos, iban a ayudar, a hacer la parte del muecín en el salat. Chicos de nueve, diez, once años, a las cinco y media de la mañana haciendo eso. A ver cuántos encontramos en la Argentina, no solamente chicos sino grandes, a las cinco y media de la mañana en una mezquita.

Pero Istanbul es, sin ninguna duda, una ciudad muy especial.

Muzzafer Efendi (ra) decía: “Si estuviera en mi poder nombrar una cuarta ciudad sagrada en el mundo, luego de Meca, Medina y Jerusalén, nombraría a Istanbul”. Hay cuatrocientos setenta y nueve santos enterrados en Istanbul y en la zona aledaña. Cuatrocientos setenta y nueve, ¿Cuántos hay en Buenos Aires? Esa es la diferencia. La diferencia es a las cinco y cuarto de la mañana, entrar, caminar en esas calles desiertas por cierto, y oír el Adhan y otro y otro y otro, nombrando al Creador e ir caminando hacia la mezquita acompañado de ese sonido. Llegar a esta mezquita en particular y encontrar, por esos regalos que Allah (swt) otorga, a veces, la oportunidad de hablar con Él, íntimamente, en silencio, de corazón a corazón. Y poder buscar dentro de nosotros ese ikhlas que es tan elusivo.

Cuando le preguntaron a algunos santos ¿cuál es la realidad de ikhlas? Ellos decían: “Ikhlas significa purgar nuestras acciones de todas sus impurezas”. Pero claro, eso es fácil decir. ¿Y cuáles son las impurezas? El deseo nuestro, innato en el ser humano, en la parte que nos ata al mundo, en la parte de la carne. Buscar el placer, el placer de algo bien hecho, lo noten los demás o no. El placer de poder cumplir con el salat, el placer de poder ser miembro de una congregación, placer de haber encontrado la fe, placer de saber que encontramos la fe porque Él nos llamó. Miren alrededor de ustedes. Todos ustedes vienen de diferentes lugares de la sociedad porteña, e inclusive tenemos un hermano que nació en Perú, país cristiano por excelencia, encontró Islam, hizo una carrera académica, y ahora vive en Malasia, y de Malasia, por esas cosas que tiene Allah (swt) lo envía a la Argentina a trabajar, y en este momento, está con ustedes luego de haber compartido unos días con nosotros en Istanbul, Alhamdulillah!

¿No es acaso un milagro que estén todos ustedes allí, unidos, sentados, algunos que se habían ido y reencontrado el camino de regreso a la casa de Hz. Pir (ra)? Tengamos agradecimiento por todo lo que Allah (swt) nos otorga. Y tratemos de proceder de acuerdo a las normas de nuestra religión con la sinceridad que es necesaria.

En una oportunidad, en la época que Hz. ´Umar (ra) era el Califa, se encontraba en un lugar, así como en el que están ustedes, e Ibn Ka´b (ra) uno de los compañeros, estaba recitando el Corán, en ese caso: “Si se descubre que son reos de pecado, otros dos, los más próximos, le sustituirán, elegidos entre los perjudicados por el perjurio y jurarán por Allah: “Nuestro testimonio es más auténtico que el de los otros dos. Y no hemos violado la ley. Si no, seríamos de los impíos”.  (Al-Ma´idah. Surah 5, ayah 107)  Hz. ´Umar (ra) cuando terminó de recitar lo mira y le dice: “¡Tú has recitado una mentira!”. Hz. Ibn Ka´b (ra) lo miró a Hz. ´Umar (ra) y recuerden ustedes quién era él. Era una persona de un coraje ilimitado. Nadie quería que Hz. ´Umar (ra) se enojara con ellos, huían: así de poderosa era su personalidad. Siempre lo fue, desde el comienzo. De lo contrario, busquen el momento de su conversión. Hz. Ibn Ka´b (ra) le respondió: ¡Y tú eres un mentiroso más grande que yo! Imagínense si alguno de nosotros se atreviese a responder algo así a alguien en el poder en nuestro país. Entonces, otra persona que estaba en el grupo lo interrumpió y le dijo: “¡Tú contradices a Amir Al-Mu´minin!” Hz. Ibn Ka´b (ra) respondió: No. De ninguna manera. Yo trato con tremendo respeto al Amir Al-Mu´minin cuando es correcto lo que él dice. Pero me opongo a su opinión acerca de que mi pronunciación es incorrecta, y por supuesto, lo apoyo en todo momento, cuando él dice que la pronunciación es correcta. Y yo he recitado este ayah de la manera que escuché a nuestro Profeta (saws) hacerlo y lo hice del mismo modo”. Y dirigiéndose a Hz. ´Umar (ra): “Mientras tú ´Umar estás ocupado con los asuntos del mundo”. ¡Qué coraje! Mucho menos le costaría la cabeza a cualquiera. Hz. ´Umar se da vuelta, lo mira y le dice: “Lo que tú dices es totalmente correcto. Yo simplemente estaba tratando de encontrar a quien hablaba la verdad frente a mí”.

Ahora bien, ¿por qué sucede eso? Hay otro ejemplo de esta misma situación.

En la época de Muawiyah ibn Abu Sufyan él estaba dando el jutba, en la mezquita principal, un día viernes, Salat Al-Yumu´ah, y en ese jutba, hablando de cuando van a la guerra y demás, dice: “Todas las riquezas, todas las propiedades, y todo lo que se tome en esas situaciones es mío, yo decido cómo es distribuido, decido quién recibe y quién no recibe nada”. Y miró para todos lados, en tanto los que oían estaban con sus cabezas hacia abajo, y nadie dijo nada. Se termina el salat y al próximo viernes dice exactamente lo mismo en el jutba. Y todo el mundo siguió callado, con la cabeza hacia abajo. El tercer viernes dice nuevamente lo mismo. Finalmente, el cuarto viernes, alguien se para y le dijo: Eso no puede suceder nunca, porque todas las riquezas, las propiedades, todo lo que se obtiene como botín de guerra y que luego es usado aquí, por nosotros, nos pertenece a nosotros. Porque así ha sido establecido. Y aquel que esté en desacuerdo, se tendrá que enfrentar con nuestras espadas”.

Nuevamente, fíjense ustedes, un siervo hablándole así a un rey.

Muawiyah Ibn Abu Sufyan terminó el jutba, terminó el salat y le pide a esa persona, que le habló de esa manera, que por favor lo acompañe a palacio.  Entonces todo los que lo miraban decían que le iban a cortar la cabeza.

Al rato van, entran a la sala del trono, y lo ven a Muawiyah y esta persona que lo había reprochado, objetado, sentado a su lado. Al lado del trono. Y le dicen: “¿Pero qué sucedió? ¿Esto cómo es posible, alguien que te haya hablado de esa manera lo trates con este respeto? Y él dice: “Él ha iluminado mi alma hoy. Que Allah lo mantenga vivo por muchos años”. Le preguntaron: “¿Por qué?” y Muawiyah respondió: “Porque Hz. Muhammad (saws) dijo: “En muy corto tiempo después de mi partida de este mundo van a existir amirs que van a ser como monos en el infierno, porque hablarán haciendo cambios en la Shari´ah y la gente no le va a decir nada”. Por tal motivo agradezco a mis hermanos (y estas son mis palabras) en Istanbul, por las acciones que han tomado Alhamdulillah!

Y siguiendo con la historia, retomando las palabras de Muawiyah: “Y yo que me dirigí a esta gente, a mi gente, a mis ciudadanos, a mis compañeros, a mis hermanos musulmanes, en la jutba de los viernes, y por tres viernes seguidos hablé de algo que va contra lo establecido en la Shari´ah, y ninguno objetó, ninguno se paró y dijo que eso estaba mal, hasta que este hermano lo hizo. Y lo hice a propósito, para ver si alguno me permitía salvarme de ser uno de esos monos que estarán en el infierno. Y él me salvó. Y lo hice a propósito, para que sea un ejemplo para todo el resto de ustedes”.

Así es nuestro camino: es hermoso. Pero ikhlas, ikhlas, ikhlas, requiere un compromiso aún más profundo que el que hemos tenido hasta ahora. Requiere ser conscientes, y necesitamos conciencia para tener una intención pura, y esa intención pura necesita ser llevada a cabo sin manchas, sin dudas. Hacer las cosas sólo para el placer del Creador.

Una última historia.

A principios del siglo VIII, esto es menos de cien años, luego que nuestro Profeta (saws) se fuera del mundo. Muchas cosas estaban ocurriendo en Islam. Un momento de rápida expansión.

En aquella época Al-Tariq conquistó España, y Muhammad Ibn Kazim conquistó lo que es hoy día Pakistán.

Años más tarde, y por eso me llamó la atención esta historia verdadera, el ejército musulmán había rodeado Edirne: última ciudad de la parte europea de Turquía, en el borde de la frontera con Bulgaria. Nunca he estado en Edirne. Me dicen que es una hermosa ciudad que está a poco más de una hora de Istanbul.

El ejército musulmán estaba bajo el mando de Wahab Mohamed Abdul Malik. Y la ciudad de Edirne tenía una muralla romana, como las que habíamos visto en Istanbul, altas, muy anchas; prácticamente impenetrable para las fuerzas de esa época. Por ello, muchas veces, las conquistas se lograban encerrando la ciudad y no permitiendo que entre ni que salga nadie, entonces en algún momento se acababan las provisiones, en algún momento se acababa el agua y demás.

En este caso, pasaron meses, la ciudad de Edirne rodeada, y de pronto viene  uno de los oficiales del ejército musulmán a ver al comandante Abdul Malik, y le dice que un soldado había logrado remover los bloques de roca de una sección, cerca de la entrada, con el correr de los meses. Y había removido las piedras, de manera que un soldado flaco podía meterse a través de ese agujero e insha´Allah con su espada enfrentar a los que estaban del otro lado, y abrir las puertas que estaban allí cerca, así el ejército pudiera entrar. En tanto apareció un voluntario, y el comandante no veía quiénes eran los voluntarios porque el ejército era tan numeroso, ordena a sus oficiales a que le digan a quien fue, que por favor entre y trate de lograr eso.

Pues bien, este soldado delgado logró ingresar, llegó al otro lado, luchó, abrió las puertas, hizo su entrada el ejército musulmán y conquistó Edirne. Así fue la conquista musulmana de esa ciudad.

Cuando se acaba la guerra y las cosas se calman, y se establecen y demás, Abdul Malik le pide a sus oficiales que identifiquen a ese voluntario, a ese soldado que había eso.

Pasa un día, nadie se presenta, pasa otro día, nadie se presenta, tercer día y nadie se presenta, al cuarto día un soldado con la cara cubierta, con un turbante y le dice al comandante: “General tengo noticias del voluntario que tú estás buscando”. Adbul Malik se pone muy contento y dice: “¿Cuáles son esas noticias?” y el soldado dice: “Va a presentarse frente a ti, pero si aceptas tres condiciones. ¿Está eso bien? ¿Aceptas tres condiciones?”. Abdul Malik responde: “Sí, sí, por supuesto. ¿Pero cuáles son?” y el soldado responde: “La primera es que no trates de recompensarlo por sus acciones de ninguna manera. ¿Estás de acuerdo?” Abdul Malik: “¡Por supuesto!” El soldado nuevamente: “La segunda es que no digas a nadie quién es él. Para evitar fama y demás. ¿Estás de acuerdo?” Abdul Malik: “¡Por supuesto!” El soldado: “Y la tercera es que, luego de que lo conozcas, nunca más lo llames ni pidas verlo. ¿Estás de acuerdo?” Abdul Malik: “Sí.”  Entonces ese soldado, que estaba con el rostro cubierto, removió lo que lo mantenía oculto ante los ojos de Abdul Malik y dijo a éste: “Soy yo. Y fui a través de esa pared solamente por Allah.” Dicho esto último, se dio vuelta y se fue, con la promesa de que nunca más nadie lo iba a buscar.

¿Hay alguno de nosotros que camine en Islam, con esa sumisión, con esa sinceridad?

A partir de ese día, a Abdul Malik lo oyeron muchas veces rezar: “¡Oh Allah, en el día de la resurrección otórgame la compañía de ese soldado que fue a través del agujero!”. Yo pido lo mismo para mí, y pido lo mismo para ustedes, porque alguien así, como ese ser humano es, quizás, el único salvavidas que podremos tener en el Más Allá, puesto que él estará con el más amado de Allahu Ta´ala, con Hz. Muhammad (saws) y con aquellos privilegiados que son puros en sus esencias e insha´Allah que nos permitan colgarnos de sus manos y entrar a la presencia del Creador con ellos.

Les pido, por aquel que nos permitió estar juntos en este mismo camino, que actuemos de la misma manera, con la misma pureza. Que si hay diferencias entre nosotros sigamos la Sunnah de Hz. Muhammad (saws) la cual dice que no más de tres días pueden existir las diferencias.

¡Hablen, únanse, ámense por Él!

As Salam ´alaykum wa rahmatullahi wa barakatuhu.

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