Sohbet Sheikh Orhan Efendi – sábado 11-02-2017 – Sobre los sueños – La Jerarquía Espiritual de los Profetas (a.s) – La historia de los tres hombres de la caverna

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Bismillahir Rahmanir Rahim

El sueño en sí tiene algún tipo de acercamiento, aunque sea lejano, con los milagros. No todos los sueños, pero aquellos que necesitan interpretación, y pueden ser interpretados y aquellos que no necesitan interpretación o porque no se puede hacer o porque directamente están claros, es como una revelación y descienden sobre nosotros.

En nuestra tradición ha habido largos debates sobre la cuestión de los milagros. Su existencia, a quiénes le son otorgados y  a quién no.

Quiero dejar totalmente claro que si bien hay una íntima relación entre fe, sueños y los milagros, el hecho de que no soñemos y que milagros no hayan descendido sobre nosotros, no significa que no tenemos fe o que nuestra fe es débil, en absoluto.

La mayoría de los compañeros del Profeta (saws) no recibían milagros ni les interesaban.

Hay dos tipos de milagros:

  • Aquellos que le son otorgados a los profetas mujizat;
  • y aquellos que descienden sobre seres como el resto se los llama

Debemos entender que los únicos seres humanos que no pecan son los profetas y los mensajeros. Y nadie más en la Creación tiene ese regalo.

Para el resto de nosotros, comenzando por lo santos, el pecado es parte de nuestra existencia terrenal.

Allah (swt) habla de los milagros en el Corán i-Karim.

Por ejemplo, en el caso del profeta Moisés (as) habla en el Corán traducido al español, Sura N°2  Al Baqara, ayah 57, dice: “Y hemos causado la nube que te cubra y que los codornices desciendan”.

Ahora bien, cuando esto sucedió Hz. Musa (as) no estaba con su gente. Lo cual en el caso de ellos, y por eso hago hincapié porque son seres especialísimos los profetas y los mensajeros.

Y no importa que no esté, porque no hay diferencia entre ausencia en tiempo y en espacio. Porque si bien, en el caso de Moisés (as) esto ocurrió en un momento en que él  no estaba con su gente, también ocurrieron milagros que le fueron otorgados a Hz. Moisés, Musa (as) cuando estaba en la cima del monte Sinaí y los Diez Mandamientos descendieron sobre él. Y Allah (swt) cuando él le manifestó que quería verlo le dijo que era imposible mostrarse en esta dimensión porque todo desaparecería. Y ustedes recordarán la historia de la montaña en la cual Allah (swt) se manifestó y ésta desapareció instantáneamente.

En el Corán i-Karim, en la Sura de las Hormigas (An-Naml) donde se habla de Asaf  que estaba en la corte del profeta Suleyman, Salomón (as) y hace que el trono de la reina sea trasladado miles de kilómetros instantáneamente.

En este caso no podemos hablar de mujizat porque Asaf no era profeta, pero sin embargo eso sucedió y fue karamat. Y el trono fue trasladado a la corte del profeta Salomón (as).

Tenemos el caso de la virgen María (ra). Ustedes recordarán que cuando la madre de la virgen María (ra)  queda embarazada ella dedica, y en aquella época no había los estudios e instrumentos que hay hoy en día, la madre de la virgen María (ra) llamada Ana (ra) el ser que estaba en su vientre a Allahu Ta´ala, y le pide por favor que lo acepte. Y Allahu Ta´ala así lo hizo.

Cuando la virgen María (ra) nació, a los pocos años la madre la entrega a Zacarías, su tío, el padre de Juan El Bautista (ra) que a su vez era miembro de los esenios, una secta mística de aquella época. Nada es coincidencia, todo está hecho y programado por el Creador.

Zacarías acepta a la virgen María (ra) y la pone en seclusión en el templo, y la coloca en una sala que estaba muy alta, y para llegar a ella había que subir una escalera y él tenía la llave que abría la única puerta.

Entonces comienza a ver que cuando iba y abría para saludar, para ver cómo estaba y demás, había comida. Las mejores frutas frescas rodeando a la virgen. Y en el Corán i-Karim en la Sura de la familia de ´Imran (familia de Zacarías y de la Virgen María) él le pregunta: “¿De dónde has obtenido todo esto?”  Y ella responde con esa fe tan particular de alguien tan especial, dice: “Allah lo envió”.

En este caso es karamat. Todos sabemos que ella no era mensajera ni profeta. Pero fue la madre, fue la mujer que concibió sin la ayuda del hombre, a un ser humano, a Hz. ´Isa (as) un profeta a quien llamamos “El alma de Allah”, simbólicamente hablando.

Hace muchos años, paseando por ese país tan especial y tan maravilloso llamado Turquía, crucé a Izmir desde Istanbul.

La ciudad de Izmir, la vieja Esmirna, no dice mucho. Fue destruida varias veces por guerras y demás,  pero yo quería visitar la ciudad de Éfeso, que en su momento de apogeo competía con Atenas en todo.

Y en camino a la ciudad de Éfeso me hablaron de la “Caverna de los durmientes”, la historia de estos jóvenes que ocurrió realmente se encuentra en el Corán i-Karim, en Sura de la Caverna.

Pasé por ese lugar, me detuve y visité el lugar donde estos jóvenes cuestionaban de la población en la cual vivían cerca de allí.

Se encierran y tienen un perro que los cuidó. Y duermen. Ellos cuando despiertan pensaron que había pasado un día, un día y medio, pero habían pasado generaciones, más de cien años. Y el perro les hablaba.

La caverna donde ellos vivían está allí y allí también están los ataúdes donde ellos durmieron durante todo ese ciclo, y luego donde quedaron, y desde allí se fueron al Más Allá.

Ustedes que van a ir a Turquía no sé si tendrán tiempo de visitar todo eso, pero es algo que recomiendo insha´Allah para algún viaje futuro. A todos aquellos que van a emigrar a esa tierra maravillosa insha´Allah.

Una tradición, un hadiz, una historia del Profeta (saws).

Él estaba con unos compañeros y le pidieron por favor que les hablara, les relatara algo de los ancianos. Y el Profeta (saws) habla también de gente de la caverna, pero en este caso eran tres.

Estos tres simplemente eran tres hombres que deambulaban de un lado para el otro, y cuando llega una noche entran a una cueva a descansar. Mientras estaban durmiendo una roca cae y cubre la entrada.

Cuando despiertan por la mañana, miran y ven eso y pensaron que su destino estaba sellado, que iban a morir ahí dentro. Así que deciden pedirle al Creador de una manera muy especial.

Hablando de acciones totalmente desinteresadas, repito, sin interés, hechas sin esperar recompensa que cada uno había hecho por Allahu Ta´ala.

El primero de estos tres hombres dice, pidiéndole a Allah (swt): “Tú conoces a mis padres, cuán pobres son, y tengo que irme porque necesitan de mi ayuda para poder comer”. Y él simplemente, salía y recogía leñas y demás. Se ganaba el dinero de manera que podía, después a la noche, llevar alimentos para su familia.

Un día se demora, más de lo habitual, llega tarde, y cuando regresa a su casa ya sus padres estaban durmiendo. Él igual hace lo que hacía comúnmente. Ordeña una cabra, y la comida que tenía la colocaba dentro de la leche, y con eso se alimentaban.

Como ellos estaban dormidos él se queda con esa mezcla en un bol, parado toda la noche, esperando a que ellos despertaran.

¿Alguno de nosotros tiene la fuerza suficiente para hacer algo así, por otro ser humano? Y dice: “Oh Señor, si yo estoy diciendo la verdad con respecto a esto, por favor, remueve la roca de la entrada”.  

Y no había terminado de pedir eso cuando la roca se corrió un poco.

El segundo hombre estaba totalmente enamorado de una muy hermosa joven ciega y no sabía cómo hacer para llamar la atención de ella. Así que en un momento empieza a trabajar muy fuerte, ahorra y le envía ciento veinte dinares de regalo, y le dice que ella puede guardarse el dinero si estaría dispuesta a pasar una noche con él.

La niña muy, muy necesitada de esa ayuda económica, accedió y se hace llevar a la casa de él. Cuando ella llega a la casa de él, este hombre sintió terror por Allahu Ta´ala porque iba a cometer un acto haram. Entonces le pide a ella que lo disculpe, que él no podía hacer eso, le envía el dinero de regalo y le pide disculpas por haber siquiera insinuado tamaña cosa.

Recuerden, ellos tres estaban solos y cuando relata eso dice: “Oh Señor, si he dicho la verdad sobre esto que ha ocurrido te ruego, por favor, que muevas esa roca de nuestro camino”. Instantáneamente la roca se mueve un poco más pero no lo suficiente como para que sus cuerpos salgan.

El próximo hombre era un comerciante, y tenía gente trabajando para él.

Aquellos que tienen empleados que escuchen.

Tenía tres personas que trabajaban para él. Llega el día que todos tienen que cobrar y aparecen dos de los tres, y les paga. El tercero había desaparecido. No se sabía a dónde estaba. No fue a cobrar.

Este hombre se quedó con el dinero que le pertenecía a ese empleado, y compró una oveja con ese dinero.

Al año siguiente la oveja tiene cría y aparecen dos ovejas más.

Y al año siguiente, a su vez, estas ovejas tienen cría y aparecen más ovejas.

Con el correo de los años se había hecho un enorme rebaño.

Finalmente, luego de años, este trabajador regresa a pedir el dinero que se había ganado trabajando para él. Y el comerciante le dice: “Sí, cómo no. Por supuesto. ¿Ves todas esas ovejas que están allá?” El trabajador responde: “Sí.” El comerciante le dice: “Son todas tuyas”. El trabajador dice: “No. Yo quiero el dinero que me gané trabajando. Esas ovejas no son mías”. El otro le dice: “Sí. Porque con ese dinero compré una oveja (y le cuenta la historia) así que todo ese rebaño es tuyo”. Y se hizo rico con su honestidad.

Si pensamos que Allahu Ta´ala no nos observa, recuerden que en el Día del Juicio Final todo lo que hayamos hecho, dicho, pensado, las intenciones que hayamos tenido estarán presentes.

Y cuando termina su relato dice: “Oh Señor, si estoy diciendo la verdad remueve la roca”. Y la roca se movió totalmente y ellos pudieron salir de la caverna.

El autor de este relato fue Hz. Muhammad (saws).

Otros de los compañeros del Profeta (saws) Abu Zaid Jarrah (ra) decía que él ayunaba dos días y comía el tercero, y así lo hizo por años.

Una vez, en cierta jornada, se encuentra con alguien que estaba en el camino. Y le pregunta si tenía comida y el otro le dice: “No. No tengo comida. ¿Qué es lo que estás buscando?” Entonces Zaid Jarrah (ra) le dice: “Comida porque hoy debería comer”. Y el otro le dice: “¿Qué es lo que estás buscando? ¿Comida para la parte baja de tu ser o prefieres que algo descienda sobre ti que dará fuerza a tu espíritu y va a anular los efectos de la falta de comida?” Es decir, que conquistaría esa debilidad sin necesidad de comidas.

Por supuesto él prefirió esto último y así se fue.

Pasó largo tiempo luego de eso sin comer absolutamente nada.

Una última historia y los dejo ir con esto de los milagros.

Uno de mis santos preferidos se llama Abdallah Al-Tustar (ra) y la casa donde él vivía la llamaban “La casa de las bestias salvajes”. Porque animales salvajes que vivían por la zona iban a visitarlo, y él los alimentaba, los acariciaba y los otros regresaban adonde ellos vivían contentos.

Uno de sus discípulos un día estaba caminando cerca de allí, el discípulo se llamaba Abul Qasim originario de la zona de Merv.

Estaba un día caminando por la playa y se encuentra con un joven que tenía la vestimenta de los sufíes. ¿Se acuerdan de esas de todos colores, que se cosían retazos de telas y demás? Con eso se hacían una capa que los cubría.

Tenía puesto eso y también a un costado llevaba un pequeño recipiente, y dentro de ese recipiente que podía ser una taza para tomar agua o cocinar algo, tenía un frasco con tinta.

Entonces veía a este joven que estaba totalmente absorbido en su dhikr, remembranza.

Así que intenta encontrar el modo en que podía acercarse, pero se da cuenta de que el estado de este joven era demasiado alto y que no correspondía que lo molestaran.

Continúa su camino, y llega un momento en que se dice: “No. Yo necesito aprender de él.” Y regresa. Pero también recordó que como tenía un frasco de tinta china debía ser un estudiante en algún lugar.

Por lo tanto se acerca y le dice: “Por favor, dime cuál es el camino hacia Allah”. El joven lo mira con una sonrisa y le dice: “Hay dos caminos al Creador. El camino de los vulgares y el camino de los selectos. El camino de los vulgares, que es el que tú transitas no te permite tener el conocimiento que es adquirido en el camino de los selectos”.

Y estoy relatando esta historia porque alguien los otros días me presentó una queja por su estado. Y está muy bien quejarse del estado, pero no con otro ser humano.

Está bien quejarse de nuestro estado con nosotros mismos porque estamos insatisfechos, porque no hacemos lo suficiente para recibir el amor y el permiso del Creador que nos deja vivir aquí, que nos deja adorarlo, que nos deja hacer el dhikr, que nos deja comunicarnos en este momento como estamos haciendo.

Pero aquellos de nosotros que nos quejamos con otros de nuestro estado, lo que estamos diciendo es que no estamos contentos con lo que Él nos da. Y el estado en el cual nos encontramos es el mejor estado en el cual podemos estar en este momento.

Las quejas no corresponden. Y menos aun pensando que no estamos en una estación más alta por nuestras acciones. Entonces estamos pensando que nosotros hacemos algo para cambiar nuestro estado, en lugar de cambiar ese concepto y entender que lo que nos llega es simplemente Su regalo, en la medida que Él cree que merecemos. Porque de lo contrario estamos comerciando con Allah (swt).

Allah (swt) me voy a hacer unos cuarenta rakats más desde hoy al lunes a ver si me dejas subir un par de escalones.

El nivel de los vulgares al cual se refería este joven era ese, en el cual este discípulo sufí Abul Qasim pensaba que sus acciones le habían dado el estado en el cual se encontraba. Y no es así.

Una última historia.

Todos conocen a Dhul Nun Al-Misri (El egipcio) y esta historia la han oído en otras oportunidades.

Dhul Nun estaba en un barco que iba desde Egipto a Yeda. Y en el barco había uno de estos jóvenes totalmente ensimismado en su dhikr.

Pasaron dos o tres días en llegar, de Egipto a Yeda. De pronto otro pasajero extravía una pequeña bolsita con joyas adentro.

Y piensa que era ese joven que no se metía con nadie. No hablaba. Estaba constantemente haciendo su dhikr.

Dhul Nun, que tenía el ojo de los santos y podía ver el estado de otro seres humanos, cuando lo acusan y ve que lo van a maltratar y pegar para que confesara que él había robado, dice: “Permítanme, déjenme por favor que yo hable con él”.

Este joven sale del estado en el cual se encontraba haciendo dhikr; y los mira a todos, mira hacia arriba, hace un rezo, y en ese momento peces en el mar aparecen, todos en la superficie con joyas en la boca. El joven va, toma una joya de la boca del pez, se la da a quien había perdido la bolsa, los mira todos y dice: “As Salam ´alaykum”. Baja del barco ala gua y se va caminando por el agua.

Esto lo contó Hz. Dhul Nun Al-Misri, el egipcio (ra).

El verdadero ladrón cuando vio todo eso también se arrepintió y devolvió las joyas.

No debemos actuar con la preocupación de cubrirnos exteriormente si tampoco nos cubrimos interiormente, de nuestras acciones, de nuestras intenciones, de nuestros dichos.

Recuerden que lo único que vamos a llevar al Más Allá son las intenciones y los hechos. Y seremos juzgados de acuerdo a esas dos cosas.

Y no asuman que ninguno de nosotros hace nada por nuestro estado espiritual.

Nuestro estado espiritual es un regalo del Creador que permite que recemos, hagamos dhikr y estemos presentes.

As Salam ´alaykum wa rahmatullah wa barakatuh.

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