Sohbet Sheij Orhan Efendi – sábado 21-1-2017 – Los niveles del alma – parte I

Sohbet Sheij Orhan Efendi – sábado 21-1-2017 – Los niveles del alma – parte I

Sohbet Sheij Orhan Efendi – sábado 21-1-2017 – Los niveles del alma – parte I

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Bismillahir Rahmanir Rahim

Retomando un poco del sohbet del sábado anterior, y recordarán ustedes que estábamos hablando de las diferentes capas de esa fruta a la cual deseamos llegar, y hablamos de cuatro: la primera, la exterior y la más gruesa es la de los sentidos. Lo que nos permite ver, oler, oír, tocar y saborear.

La siguiente, y contenida dentro de la primera, es la imaginación. Dentro de la imaginación está la inteligencia. Y dentro de la inteligencia está el corazón, no el corazón que late en nuestro pecho, sino el corazón espiritual.

Y hablamos de este viaje de búsqueda para encontrar ese corazón.

Ustedes recordarán la historia que he repetido en varias oportunidades cuando a Hz. Ibn Arabi (ks)  alguien lo escuchaba  ensimismado por el gran nivel de conocimiento que poseía quien fuera tal vez uno de los más grandes filósofos y místicos de esa época de oro de Islam.

Le preguntaron a cuántos lugares había él viajado para adquirir todo ese conocimiento que tenía, cómo había hecho para poder hablar con tanta propiedad y si podía nombrar esos lugares, porque esta persona quería ir para poder un día insha´Allah llegar a donde Hz. Ibn Arabi (ks) había llegado. Y él lo miró y le dijo: “¡No, no, usted está equivocado! Yo nunca me he movido de este lugar donde estoy parado.” El sujeto asombrado preguntó: “¿Cómo?” y Hz. Ibn Arabi (ks) respondió: “Porque el viaje es interior. Es hacia adentro”.

Nosotros, para poder llegar a disfrutar de la fruta exquisita de esa nuez que tiene una cáscara tan espesa, debemos atravesar estos niveles y llegar a saborearla.

Allah (swt) ha dicho, como ustedes saben: “He creado todo lo que existe. Y los cielos y la tierra no Me pueden contener. Pero si el creyente, si Mi siervo limpia su corazón, ese corazón se puede convertir en Mi casa”.

Hablando del corazón físico, en este caso Allah (swt) creó nuestro corazón y nuestro cuerpo, simbólicamente hablando, con Sus propias manos.

Él creó la arcilla, el agua, el éter. Y creó el cuerpo de Adán (as).

Pero la fruta de la nuez, el alma, Él la otorgó al ser humano, cuando sopló con Su aliento dentro y sobre Adán (as) y él vivió a partir de ese instante.

Es decir, el alma cuando llega a este mundo comienza a estar influenciada por lo que nos rodea. Es Su regalo directo para el ser humano.

Los sentidos, esa primera capa, es lo que nos permite relacionarnos con el medio ambiente. Y nos permite tocar, oler, oír, ver. Así nos vamos relacionando con eso que nos rodea, y eso se convierte en nuestra realidad.

Pero es una realidad temporal, como nuestro cuerpo. Una realidad que pertenece a este mundo. No pertenece al área del corazón, al área del espíritu.

Se trata de una realidad, que sabiendo que todo es Uno,  Lā ilāha illā-llāh, nuestros sentidos rompen ese espejo de la unidad en mil pedazos, y nos hace ver multiplicidad en lo que es Uno.

Y es algo muy interesante, porque no podemos alcanzar a la unidad a través de los sentidos. No es el nivel de comprensión que los sentidos tienen para nosotros.

Cuando podemos insha´Allah llegar al segundo nivel, a la segunda capa, ingresamos a la estación de la imaginación. Y ésta nos hace oír cosas dentro de nosotros, que nos dicen que todo esto se encuentra unido, y nos hace ver unión cuando en realidad no la estamos viendo. Eso es una ilusión, es un sueño. ¿Por qué? Porque a nivel de la imaginación no podemos decidir aquello que es correcto y lo que es incorrecto. Aquello que es halal y lo que es haram.

La imaginación no nos permite ver eso.

Eso sólo comienza a ocurrir en el tercer nivel: el nivel de la inteligencia.

Y existen dos niveles de inteligencia: la inteligencia del mundo y la inteligencia espiritual.

La inteligencia no siempre está ciento por ciento segura de decidir lo que es correcto o incorrecto. Pero la inteligencia espiritual tiene el nivel que nos permite comprender qué es justicia, aquello que sí es correcto y lo que es incorrecto.

Volviendo al estado de la imaginación, estamos comiendo y de pronto vemos un pan. Y lo vemos como uno. Sin embargo se trata de algo compuesto: harina y agua.

Huele muy rico. Y cuando la harina y el agua se combinan, lo cocinamos con fuego, se produce algo delicioso, básico en la alimentación del ser humano que es el pan.

Pero el pan sigue estando compuesto por varios elementos. Y no es uno, sino son varios.

Lo único que es Uno es Allahu Ta´ala. Y nuestro intelecto no nos permite comprender ese concepto en toda su dimensión.

Voy a relatar dos historias e insha´Allah continuaremos con las definiciones de estos cuatro niveles en la próxima semana.

Esta es una larga historia, pero está relacionada con nuestra comprensión de la realidad.

En una oportunidad estaba el Profeta (saws) sentado con sus compañeros, y en eso se acercó a ellos una mujer y dice: “Ya Rasulullah, te pido permiso para hablar” y el Profeta (saws) dice: “Adelante.”  La mujer dice: “He cometido un grave pecado.” El Profeta (saws) pregunta: “¿Qué gran pecado has cometido?” Ella dice: “He cometido adulterio”. El Profeta (saws) la mira con una sonrisa y dice: “No, tú no has cometido adulterio. Ve a tu casa, piensa, reflexiona y vuelve cuando hayas terminado y hablaremos nuevamente”.

La mujer se va a su casa, reflexiona y regresa.

Cuando regresa le dice al Profeta (saws): “Ya Rasulullah, he cometido adulterio y deseo que me castiguen de acuerdo a la Shari´ah”.

Ustedes saben que en nuestra religión el adulterio tiene un castigo severísimo. Tanto para el hombre como para la mujer. Aquí hay total igualdad.

Entonces la mujer declara eso y el Profeta (saws) le repite: “Ve a tu casa, vuelve a reflexionar y ven a verme”.

La mujer va a su casa, pasa un día, dos días. Regresa donde el Profeta (saws) y le dice: “Ya Rasulullah ¿Por qué me has enviado de regreso ya tres veces?” y él le responde: “Porque tú has decidido demasiado rápido que has cometido adulterio. Cuéntame lo que ha sucedido”. La mujer dice: “Conocí a un hombre que no es mi marido. Me acerqué a él. Y ahora estoy embarazada. He cometido adulterio y deseo ser castigada de acuerdo a la ley de Allahu Ta´ala”. 

¿Se dan cuenta? Aquí pueden aplicar algunos de los conceptos de los que hemos hablado, sobre inteligencia, imaginación.

En realidad lo que esta mujer estaba buscando era salvarse del infierno, al cual sería llevada por lo que había cometido en esta tierra.

Y el Profeta (saws) le dijo: “Bueno, eso está muy bien, pero acabas de decir algo que es muy importante, y es que estás embarazada. En consecuencia no podemos darte el castigo que corresponde al adulterio. Así que ve a tu casa y luego que des a luz regresa”.    

La mujer regresa a su casa. Pasaron los meses, da a luz, y regresa con su bebé a ver a Hz. Muhammad (saws).

La mujer le dice: “Ya Rasulullah, aquí está el bebé. Ahora puedes darme mi castigo.” Él dice: “No, un momento. Este bebé recién ha entrado al mundo. Necesita ser amamantado. Ve a tu casa por otros nueve meses y dale el pecho para que él pueda crecer. Y no hay ningún alimento mejor para un bebé que el pecho de su madre”.

Ella regresa tras los nueve meses como había acordado, y el Profeta (saws) le dice: “Muy bien. Veo que este niño está muy saludable. Ahora debes cumplir con tu responsabilidad como madre, y durante siete años debes educarlo”.

Ustedes saben que en la Shari´ah la madre tiene total y absoluta responsabilidad de cuidar y educar al niño durante los primeros siete años de vida. El padre puede ayudar con algún consejo pero no puede entrometerse en lo que está sucediendo en esa etapa.

Así que la mujer dice: “Eyvallah”.

Transcurridos los siete años regresa con el niño ya crecido, lo sienta al lado del Profeta (saws) y ella pregunta: “¿Puedo ahora recibir mi castigo?” y el Profeta (saws) responde: “Sí, ya es tiempo”.

Al día siguiente, algunos en Medina, ven en un sueño a esta mujer y le preguntan cómo la había tratado Allahu Ta´ala en el Más Allá. Y la mujer responde: “Allah me dijo lo siguiente: Tú has ido a ver a Mi siervo Muhammad diez veces. Y él, que he enviado como Misericordia de todos los universos te obligó a seguir la Shari´ah, la ley. Tú sabes que aquellos que son Mis mensajeros, Mis profetas, no pueden decidir ni actuar por sí mismos. Todo lo que ellos dicen o hacen es a través de Mí. Si hubieras venido a Mí una sola vez, arrepentida, Yo te hubiera perdonado”.

Hz. Muhamad (saws) cuando esta mujer muere hizo él mismo el rezo de los difuntos, la acompañó al cementerio, y cuando se retiraba lo hizo en puntas de pie, caminando hacia atrás. Sus compañeros estaban todos sorprendidos y decían: “Ya Rasulullah ¿Por qué estás haciendo todo esto?” Y él dijo: “Porque este lugar está lleno de ángeles y quiero asegurarme de que no piso a ninguno”.

Un minuto de interrupción en esto.

También aquellos que  atraviesan todas esas capas y llegan a la fruta que es el alma y se convierten en uno con esa alma, no en el nivel de los profetas, ellos ya han descendido a este mundo siendo elegidos; pero podemos apreciar, saborear algunos de esos estados.

Una historia más.

Un día Hz. Moisés (as) estaba sentado fuera de su casa, en el jardín. Y de pronto se le apareció un ratón de gran tamaño, y se le metió en la manga de su vestimenta.  Y allí se refugió.

Moisés (as) no se molestó, sólo lo miró. Y en ese instante llegó un águila pequeña. Se paró frente a él. Por supuesto, los profetas tienen regalos que nosotros no tenemos: se pueden comunicar con los animales. Y no solamente los profetas. Ustedes recordarán que Francisco de Asís (Allah esté complacido con su alma) también podía hablar con los animales.

Entonces el águila le dice: “Ya Musa, tú tienes algo que me corresponde, algo que me pertenece.” Y él le pregunta: “¿Qué es lo que yo tengo que te pertenece?” El águila responde: “El ratón que está escondido en tu manga, quiero que me lo entregues.”

El ratón estaba temblando de miedo y se había refugiado en la manga porque sabía que el águila estaba dando vueltas buscándolo.

Y Hz. Moisés (as) de pronto se encuentra con un dilema. Pues el águila tenía el derecho al ratón. Es la ley, lo que Allah (swt) estableció en la tierra.

Al mismo tiempo el ratón había ido a refugiarse en él para que el otro no se lo llevara. Y Hz. Moisés (as) dijo: “¿Qué hago?” Entonces mira al águila y le propone: “¿Tú aceptarías que yo te dé un pedazo de carne del tamaño de este ratón y lo dejarías vivir, te irías contento? El águila contesta: “Sí. Siempre que el pedazo de carne sea tuyo”.

Allí el dilema se convirtió en un problema mayor, porque ¿qué es lo único que es nuestro?  Es nuestra carne. La carne que está en las heladeras o en las parrillas  no es nuestra.

Así que Hz. Musa (as) dijo: “Eyvallah”. Buscó un cuchillo y estaba a punto de cortarse una parte su nalga para dársela al águila, pero justo en ese momento el águila y el ratón se convierten en ángeles. Le dijeron: “Ya Musa, Allah te envía Sus saludos”.

Los dejo con estas historias para que las saboreen, y piensen sobre ellas esta semana insha´Allah y que Allah (swt) permita que podamos volver a vernos el próximo sábado.

 

As Salam ´alaykum wa rahmatullah wa barakatuh.

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