La afirmación de la unidad

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¡Oh amante! Así pues, LA ILAHA ILLA‑ LLAH (No hay otro Dios más que Allah) es Su nombre. Las formas y los medios para alcanzar al Nombrado y trascender el Nombre, también han sido demostrados. Este es únicamente posible por medio del zikr, la Remembranza de Él. LA ILLAHA ILLA‑LLAH ha sido siempre su Nombre favorito. El infaliblemente responde a quien se acuerda de Él y lo llama por ese Nombre. Es por esto que los amantes y devotos cantan a coro LA ILAHA ILLA‑LLAH con cada respiración.

Hasta este día, los que aman a Dios continúan proclamando la Unidad Divina: LA ILAHA ILLA‑LLAH. Hasta el día de la Resu­rrección y el Juicio, mientras quede un solo creyente sincero so­bre la faz de Tierra, se seguirá repitiendo LA ILAHA ILLA‑LLAH.

Porque este Nombre mueve montañas; este Nombre torna la obscuridad en luz. Este Nombre hace feliz al desdichado. Este Nombre hace que se desvanezca todo mal. Este Nombre limpia los corazones ensombrecidos. Este Nombre reúne al amante con el Amado. Este Nombre acaba con todas las dificultades. Este Nombre nos lleva a la Verdad. Este Nombre hace al hombre fiel a su promesa. Este Nombre es el remedio de todas las enferme­dades, la curación de las heridas incurables. Este Nombre llena de lágrimas los ojos del amante. Este Nombre es la ruina de los no creyentes y de los hipócritas. Este Nombre hace sonreír a los que lloran.

Este Nombre lleva al viajero a su destino. Los nombres del amante y del Amado están unidos en este Nombre, y a través de esta unión se revela el secreto del glorioso verso: “Hasta que es­tuve a una distancia de dos arcos” (Corán 53:9).

¿Acaso no mencionamos con mucha frecuencia el nombre de la persona amada? Hacemos esto, no por miedo a olvidarlo, sino porque deseamos de esta manera proclamar nuestro amor. ¿Será posible o probable que quien está genuinamente enamorado se olvide del objeto de su amor? Por supuesto que no. Así nuestra Remembranza de Dios, Alabado sea, es una declaración y pro­clamación de nuestro amor por Él. Es por esto que los amantes siempre, en todas partes y en cualquier oportunidad lo recuer­dan. Mientras más lo rememoran, más crece su amor y afecto ha­cia Él; cada remembranza añade amor a su amor. Si el hombre, meramente una criatura, es incapaz de olvidar al ser que ama, ¿cómo podría Dios, Señor de la Majestad y la Perfección, olvidar a Su criatura, Él que está totalmente libre de todo olvido o desa­tención? ¿No lo recordará como lo ha prometido? En efecto, así como vincula con la declaración de Su Divina Unidad la remem­branza de su Profeta bienamado, anunciando llanamente y expli­cando que por amor a él, creó el universo entero, dándole el ser, con toda seguridad no olvidará jamás y siempre amará a todas Sus criaturas que se acuerden de Él; Él recordará a Su siervo.

Evidencia convincente de esto nos la proporcionan numerosos ejemplos prácticos que observamos en la vida diaria. Si una per­sona ama a alguien con el tipo ordinario de amor, que nosotros llamamos metafórico, no podría dejar de hablar del ser que ama; sacará el tema en cada oportunidad y bajo cualquier pretexto, mencionando el nombre del amado y sin hablar de ninguna otra cosa. En efecto, no se contentará con hacer esto él solo, sino que deseará y aún esperará que sus oyentes hagan lo mismo. Con el nombre de su amada en los labios, con la imagen de su amada ante los ojos, con la llama de su amor resplandeciendo en su co­razón, la recuerda constantemente, creyendo que así cada vez que lo hace se acerca más a ella, y pensando que algún día, ella tam­bién lo amará. Por eso la añora y suspira por verla, en sus sueños por la noche y con los ojos durante el día.

¿Entonces cómo podrían aquéllos que aman a Dios y que a su vez son amados por Él, olvidar la Remembranza de su Amado? El Nombre de Allah es la vida misma del amante, la prueba de su fe. El Bendito Nombre del Sultán de los Sultanes es LA ILAHA ILLA‑LLAH. El Glorioso Nombre Divino es la Fortaleza de Dios, Alabado sea, el más alto esplendor de la luz con la que Nos guía, y el más alto de todos los Nombres con los que se Le recuerda. El corazón de los que mencionan Su Nombre se convierte en luz purísima, sus pechos se llenan de gozo, sus esfuerzos son acepta­dos con gratitud, sus pecados les son perdonados.

Siempre que se pronuncie el Nombre Divino, la afirmación de la Unidad Divina ‑LA ILAHA ILLA‑LLAH ‑ debe ir seguido de la noble sentencia MUHAMMADUN RASULU‑LLAH (Muhammad es el Mensajero de Allah). Si este no se dice en voz alta debe siem­pre hacerse internamente después de cada declaración de la Uni­dad Divina. Los beneficios y bendiciones no se harán esperar.

Los amantes de Dios derivan su fuerza y energía espiritual del zikr. Hallan gloria y felicidad en este mundo así como en el más allá. Para los amantes de Dios, la Remembranza de Él es corno respirar o beber agua. Así como nadie puede vivir sin aire o sin agua, es inconcebible que los que aman a Dios Todopoderoso puedan vivir sin Su Remembranza. Aquéllos que sí Lo recuer­dan, pueden ver el rostro de la Verdad en este mundo, volvién­dose alegres y felices, encontrando la paz y el reposo. Por el con­trario, aquéllos que no pueden ver la Verdad en este mundo tampoco podrán verla en el mundo de la Eternidad. En ninguno de los dos mundos podrán lavarse la cara en las huellas del Men­sajero. Es imposible imaginar a alguien menos afortunado que aquél que no puede tener la experiencia de frotarse los ojos con el polvo levantado por los benditos pies del bienamado Profeta de Allah.

La siguiente anécdota resume y destila la esencia de todo lo que hemos tratado de explicar arriba con el fin de inculcar este amor, de instruir a la Comunidad de Muhammad en este camino del amor.

Como anteriormente mencionamos, nuestro maestro, el vene­rable Imán Alí, que Dios ennoblezca su rostro y se complazca en él, apareció una vez en la presencia de la radiante majestad del Mensajero y le preguntó:

“Oh, Mensajero de Dios, ¿tendrías la bondad de decirme cuál es el camino más directo para alcanzar a Dios, Alabado y Santifi­cado sea, cual es el camino más meritorio a los ojos de Dios, glo­riosa sea Su Majestad, así como el más fácil de seguir para noso­tros, sus criaturas?”

El príncipe de los dos mundos, que es Merced del Universo, dio esta feliz réplica:

Oh Alí, es esa bendita frase salvadora la causa de mi manifes­tación como Profeta. Continúa proclamando esa sagrada oración

“¿Cuál es esa sagrada oración, oh Mensajero de Dios?”

Es la continua declaración de la Unidad Divina, y la remem­branza de Dios, en la soledad, en cualquier parte que estés, y ha­gas lo que hagas“.

“¿Es comparable el mérito de la remembranza al de las leyes que te han ordenado propagar? Pues todos los fieles ‑gracias a Allah‑ rememoran siempre a Dios, Alabado sea.”

Oh Alí, has de saber que mientras haya alguien en la tierra di­ciendo ‘Allah, Allah’… no comenzará la Resurrección“.

“Oh Mensajero de Dios, ¿cómo debo recordar a mi Señor?”

Oh Alí, cierra los ojos y quédate quieto. Déjame hacer la re­membranza tres veces para que la escuches; entonces la harás tú tres veces y yo te escucharé“.

Habiendo dicho esto, nuestro maestro, el Rey de la Misión Pro­fética cerró sus benditos ojos y repitió tres veces el glorioso Nom­bre, la afirmación de la Divina Unidad: LA ILAHA ILLA‑LLAH, que es la mejor remembranza. Al hacerlo, pronunció LA ILAHA hacia la derecha y luego, volviendo su santa cabeza hacia la iz­quierda, hacia su iluminado corazón, completó su declaración con ILLA‑LLAH. Con los ojos cerrados, pronunció la remembran­za de la Unidad Divina en voz alta.

Cuando el Príncipe de los dos mundos hubo hecho la remem­branza, el Soberano de la Santidad, nuestro maestro, Alí, repitió tres veces la remembranza de la Unidad Divina, como lo había visto hacer al Profeta. Cerrando los ojos exclamó LA ILAHA ha­cia la derecha y luego ILLA‑LLAH hacia la izquierda. Esta vez el Mensajero de Dios, que Dios lo bendiga y le conceda la paz, ob­servó como el Imán Alí hacía la remembranza de acuerdo a lo que él mismo le había enseñado. Después de llevar a cabo la re­membranza, su noble corazón ya purificado y abrillantado por el amor a Muhammad, se convirtió en luz‑luz de Luz‑. En otras pala­bras, el espejo de su corazón pulido por la afirmación de la Uni­dad Divina, alcanzó la bienaventuranza perfecta y le fueron re­velados numerosos secretos y misterios divinos, pues había bebido el vino deja Unidad de las benditas manos de la persona más santa, de la más noble de las criaturas, y había trascendido. Habiendo alcanzado y contemplado la bondad y las bendiciones del Amado Mensajero, se había convertido en heredero de la sabi­duría profética, que es la puerta de la ciudad del verdadero conoci­miento, el soberano de la santidad y el portador de la copa que con­tiene las aguas del Paraíso.

Los herederos de nuestro maestro, el venerable Imán Alí, que Dios ennoblezca su rostro y se complazca en él, son los santos, esos afortunados y felices seres que se regocijan externamente en la luz de la ilustre Ley Sagrada del Islam e internamente en los secretos de sus nobles reglas. Como herederos de los Profetas y del Soberano de los hombres, han revivido a más de un corazón muerto con el esplendor de la Unidad habilitándolo para con­templar los misterios divinos. Con una mirada de sus ojos llenos de bondad y compasión han concedido a muchos amantes la visión directa de Dios y el cumplimiento de su más alto deseo. Les han llevado, a veces subjetivamente, espiritual y físicamente a visitar los muros del Reino Angélico y el Reino del Dominio, posibilitándoles para entrar en la órbita del mundo de la divini­dad, y permitiéndoles aproximarse al universo de la Realidad de Realidades. Los amantes que leen las vidas de los Íntimos de Dios son testigos de la validez de esta afirmación.

El lugar en donde todos los caminos místicos se manifiestan y tienen su origen es la Morada Divina, la presencia de Dios Mismo, Señor de la Majestad y la Perfección. Nuestro Excelso Señor, Todo­poderoso y Glorioso, enseña la Remembranza Divina a Gabriel, la paz sea con él, quién a su vez se la enseñó al Profeta Bienamado.

Como hemos señalado, nuestro maestro, el Sultán de los Pro­fetas, para él y su familia los más excelentes saludos, instruyó al venerable Abu Bakr el Veraz en el zikr privado, cuando se en­contraban ocultos en una cueva, en el curso de la migración de la Noble Meca hacia Medina la Iluminada.

El zikr en voz alta fue enseñado al venerable Imán Alí, que Dios ennoblezca su rostro y se complazca en él, en la forma que hemos explicado.

El Imán Alí se lo enseñó a sus dos hijos los venerables imanes Hussein y Hasan, que Dios se complazca en todos ellos. Más tarde fue enseñado a los venerables Hasan al‑Basri y Kumayyil ibn Zayyad, que Dios se complazca en ambos. Luego Hassan al‑Basri lo enseñó a Habib al‑A’jam; Habib al A’jam instruyó a Da’ud Al­Ta’i; Da’ud Al Ta’i trasmitió este conocimiento a Sari al‑Saqati, el cual a su vez lo comunicó al hijo de su hermana es decir, su sobrino, el prominente Yunaid al‑Bagdadi. Para ser más explícitos, aquéllos que realizaron el zikr audible, y así transmi­tieron el aliento de Muhammad, fueron las cabezas de todas las órdenes sufis y de esa manera hicieron posible que el Amor Di­vino se derrame sobre todos los amantes hasta el día de la Resurrección.

Como rama de la orden Khalwatiya (Halveti, en turco) nuestra orden desciende del venerable Hasan al‑Basri. Las órdenes de to­dos los benditos sheikhs cuyos nombres he mencionado arriba llevan a cabo el zikr público.

Todas las ramas de estas órdenes descienden de los cuatro grandes jefes sucesores del Imán Alí, que Dios ennoblezca su ros­tro y se complazca en él, y todos practican el zikr público. Las órdenes Qadiriya, Badawiya, Dusuqiya, Shadhilíya, Sa’diya, Maghribiya, Mawlawiya, Bektashiya, Khalwatiya, Yalwatiya, Aru­siya, y todas sus ramas rememoran a Dios, Alabado sea, con el zikr público.

Sin embargo la orden Naqshbandiya, el Camino de nuestro maestro el venerable Abu Bakr el Veraz, Dios se complazca en él, se ha dividido en dos secciones. Una hace la remembranza de Dios, Señor de la Perfección y la Majestad, y afirma Su Unidad con el zikr privado, y la otra con el zikr público.

De todos los actos realizados por el amor y el noble placer de Dios, Alabado sea, el mejor y más hermoso es la afirmación de la Unidad Divina.

Como prueba decisiva de ello recordemos el noble verso del Corán: “Pero la Remembranza de Dios es más excelsa” (Corán 29:45) Aquellos bendecidos con la inteligencia y la fe, que ven la Verdad y la realidad, pueden deducir de este noble verso la grandeza y sublimidad de la remembranza de Dios y el mérito que entraña a los ojos de Dios, Alabado sea.

Nuestro maestro, el Jefe de la Humanidad e Intercesor en el Día de la Resurrección, expresó:

“La remembranza de Dios es la respuesta a las buenas nuevas”. Afirmar La Unidad Divina, ya sea abiertamente o en secreto, es requerido por orden del Señor en su decreto sublime:

“Recordadme y yo os recordaré”.

Es este un deber sagrado que toda criatura está obligada a cum­plir, como la primera de las cincuenta y cuatro obligaciones reli­giosas, asignada a todos los creyentes, el más grande y meritorio de todos los actos de adoración es conocer a Dios, Glorificado sea, afirmar Su Singularidad, declarar Su Singularidad, y recordar a Dios Todopoderoso en cualquier estado y actividad, rememorar y glorificar a nuestro Único Dios siempre, en todas partes y en cualquier oportunidad.

El intento de denigrar el zikr público so pretexto de que no es “más que ostentación hipócrita” no es un acto de auténtica fe. El Mensajero de Dios, Bendito Sea y que la paz sea con él, dice en uno de los nobles Hadith:

“Recordad a Dios siempre, Alabado sea, aunque los hipócritas os llamen impostores”.

¿No es evidente aquí, que el Príncipe de los dos mundos da a entender en este Hadith que los que acusan a los que hacen la re­membranza de Dios, Glorificado y Alabado Sea, son ellos mismos hipócritas?

¡Oh tú que buscas la Verdad!

La remembranza de Dios Todopoderoso está permitida siem­pre, en todo lugar, en toda oportunidad y con cualquier pretexto. Existen únicamente dos ocasiones en las que no se considera per­mitido; la primera de estas es durante la actividad sexual, y la otra mientras se eliminan los desechos del cuerpo. No obstante, aún estas restricciones no se aplican a los íntimos de Dios, cuyos corazones tienen una vida propia. Ellos no hacen la remembran­za por Su propio deseo y voluntad. Son sus corazones los que re­cuerdan a Dios por si solos. Pues para los íntimos de Dios que han alcanzado este alto grado, ningún lugar o condición es obstáculo para la remembranza de Dios.

Dios, Magnificado y Glorificado sea, puede ser recordado mien­tras uno esté de pie, sentado, apoyado sobre el costado, o incluso recostado de espaldas.

Es permisible hacer el recuerdo de Él en la noble mezquita, en la iglesia, en la sinagoga ‑ en cualquier sitio que esté limpio. Pues sólo los creyentes Lo recuerdan. Los que aman a Dios y entregan su corazón a Su amado Profeta Muhammad Mustafá, que Dios lo bendiga y le conceda la paz, hallan inmenso deleite en la Remem­branza Divina.

Extraído del libro “Develación del Amor

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